> SOR JUANA INÉS

Fue una religiosa jerónima y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.

Considerada por muchos como la décima musa, cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa.

Con muy temprana edad aprendió a leer y a escribir. Perteneció a la corte de Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera y 25.º virrey novohispano.

En 1669, por anhelo de conocimiento, ingresó a la vida monástica. Sus más importantes mecenas fueron los virreyes De Mancera, el arzobispo virrey Payo Enríquez de Rivera y los marqueses de la Laguna de Camero Viejo, virreyes también de la Nueva España, quienes publicaron los dos primeros tomos de sus obras en la España peninsular.

Gracias a Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, obispo de Yucatán, se conoce la obra que sor Juana tenía inédita cuando fue condenada a destruir sus escritos. Él la publicó en España. Sor Juana murió a causa de tifoidea el 17 de abril de 1695 en el Convento de San Jerónimo.

Sor Juana Inés de la Cruz ocupó, junto con Juan Ruiz de Alarcón y Carlos de Sigüenza y Góngora, un destacado lugar en la literatura novohispana.​

En el campo de la lírica, su trabajo se adscribe a los lineamientos del barroco español en su etapa tardía. La producción lírica de Sor Juana, que supone la mitad de su obra, es un crisol donde convergen la cultura de una Nueva España en apogeo, el culteranismo de Góngora y la obra conceptista de Quevedo y Calderón.

La obra dramática de sor Juana va de lo religioso a lo profano. Sus obras más destacables en este género son Amor es más laberinto, Los empeños de una casa y una serie de autos sacramentales concebidos para representarse en la corte.



"Yo no estudio por saber más,
sino por ignorar menos"
- Sor Juana Inés de la Cruz

¿Cuál es aquella homicida
que piadosamente ingrata
siempre en cuanto vive mata
y muere cuando da vida?
- Sor Juana Inés de la Cruz,
incluida en «Los enigmas de la Casa del Placer»

“Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.”
― Sor Juana Inés de la Cruz

“Constante adoro a quien mi amor maltrata.
Maltrato a quien mi amor busca constante”
― Sor Juana Inés de la Cruz

“Yo no puedo tenerte ni dejarte, 
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte, 
se encuentra un no sé qué para quererte 
y muchos sí sé qué para olvidarte”.
― Sor Juana Inés de la Cruz

“La más brillante de las apariencias,
puede cubrir las más vulgares realidades.”
― Sor Juana Inés de la Cruz

“Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos;
sustentase de llantos y de ruego.”
― Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés
En una de sus obras, Sor Juana Inés, pone en entredicho su condición de mujer. ¿Cómo puede dudar de su condición de mujer? Ciertamente entendía que era una cuestión mucho más compleja de lo que parecía, y aparentemente tenía cierta conciencia de las construcciones de género.
En este maravilloso fragmento nos dice:

"Con que a mí no es bien mirado
Que como mujer me miren,
Pues no soy mujer que a alguno
de mujer pueda servirle;
y sólo sé que mi cuerpo,
sin que a uno u otro se incline
es neutro, o abstracto,
cuanto sólo el Alma deposite."

En este fragmento parece ser que Sor Juana está consciente de que la condición de mujer está marcada por la utilidad que ésta pueda brindarle a un hombre.

¿Podemos decir que Sor Juana sabía que podía “no ser mujer”, o "ser lesbiana", en palabras de Monique Wittig, si no servía para lo
que las mujeres se supone deben servir a los hombres?

Inclusive nos dice que para ella no es bien mirado que como mujer la miren, pues también sabe que ser vista como mujer implica una mirada subalterna: lo inferior, lo ilegítimo.

También porque el Ser mujer implicaba todo aquello que Sor Juana no quiso en su vida: matrimonio, maternidad, sumisión, delegar sus propios proyectos y alejarse del conocimiento.

Sor Juana Inés de la Cruz
En segunda instancia, Sor Juana también se asume como una especie de ser andrógino: dice que su cuerpo es neutro, o abstracto, pues sólo el Alma deposita. Este elemento aparece en otro romance, del cual también podemos hacer una interpretación:
"Ser mujer ni estar ausente,
no es de amarte impedimento,
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran, y sexo."

Este romance escrito a la condesa, a quien llama Filis, más allá de explicitar que el hecho de ser mujer no es impedimento para amar a otra mujer (pues aquí entran siempre las discusiones sobre el “tipo” de amor del cual la monja habla), nos aporta también un elemento importante: las almas distancia ignoran y sexo.

Sor Juana dice que las almas ignoran el sexo, ya sea asexuadas o andróginas, niega que el sexo ejerza influencia sobre éstas.
De ese modo, también, además de hacer referencia de nuevo a la “igualdad” de los sexos, hace referencia a cierta androginia de las almas.
Ilustración de Sor Juana Inés del libro ECOS DE MI PLUMA
Poema a la Virreina

Yo, pues, mi adorada Filis*,
que tu deidad reverencio,
que tu desdén idolatro
y que tu rigor venero:

bien así, como la simple
amante que, en tornos ciegos,
es despojo de la llama
por tocar el lucimiento

como el niño que, inocente,
aplica incauto los dedos
a la cuchilla, engañado
del resplandor del acero,

y herida la tierna mano,
aún sin conocer el hierro,
más que el dolor de la herida
siente apartarse del reo;

cual la enamorada Clicie*
que, al rubio amante siguiendo,
siendo padre de las luces,
quiere enseñarle ardimientos;

como a lo cóncavo el aire,
como a la materia el fuego,
como a su centro las peñas,
como a su fin los intentos;

bien como todas las cosas
naturales, que el deseo
de conservarse, las une
amantes en lazos estrechos...

Pero ¿para qué cansarse?
Como a ti, Filis, te quiero;
que en lo que mereces, éste
es solo encarecimiento.

Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo.

¿Puedo yo dejar de amarte
si tan divina te advierto?
¿Hay causa sin producir?
¿Hay potencia sin objeto?

¿Para qué mi amor te vió?
¿Por qué mi fé te encarezco,
cuando es cada prenda tuya
firma de mi cautiverio?

Vuelve a ti misma los ojos
y hallarás, en ti y en ellos,
no sólo el amor posible,
más preciso el rendimiento,

entre tanto que el cuidado,
en contemplarte suspenso,
que vivo asegura sólo
en fé de que por ti muero.

*Filis es un personaje femenino de la mitología griega
*Clitia es una ninfa de la mitología griega

Mi divina Lysis

Divina Lysis mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.

A esto, no osadía
es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.

Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.

Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.

Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.

Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.

Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.

Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,

En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.

"Hombres necios"
“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.”
― Sor Juana Inés de la Cruz

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